Crisis? No lo sé. Pero estoy segura que reformular tu vida es parte de cada año cumplido. De anhelar nuevas cosas y trazar nuevos retos para ti misma. Pienso que los 25 vividos, no son un cuarto de siglo mal gastado. Para mí, aquellos 25 años, han sido un constante experimentar y aprender. He compartido mi vida con todos aquellos a quienes quise, quiero y querré; y eso me hace feliz. Aunque muchos de ellos ya no estén más en mi vida, siguen siendo parte de ella, directa o indirectamente. Y amo todo aquello.
Absolutamente, me abruma la idea de pensar que me falta tanto por vivir, pero mi vida no se subyuga a ello. Al contrario, he intentado empezar una lista de cosas que necesito hacer en un orden de emergencia, urgencia e importancia.
Y si me preguntaran, por ahí, si he de cambiar algo en mi vida en todos estos años. Pensaría por algunos segundos y meditaría en mi respuesta para reafirmar un NO rotundo. Porque volver el tiempo atrás no es parte de crecer. Añoramos las cosas buenas, pero no debemos quedarnos estancados en recuerdos. Ya no me estanco más en mis memorias pasadas. Doy un salto gigante hacia lo que me espera y depara el presente. Esa aventura de vivir soñando cada día algo mejor. Por eso no cambiaría nada. Porque si acaso viniera esa susodicha crisis que te deja dividido en varios pedazos, tirado en una cama lamentando lo que no hiciste, lo que no tienes o lo que has dejado de vivir; definitivamente me reiría de ella a carcajadas. Tomaría conmigo todas aquellas piezas y me reconstruiría como una nueva persona. Al menos es lo que yo haría.
Cada cuarto de siglo que maduramos es un nuevo evaluar. Y en general, cada año que pasa por nosotros es un repensar las cosas. Pero no las analizamos demasiado como para quedarnos atorados en ese análisis sin fin. Utilizamos una observación rápida y vamos adelante. Miramos el nuevo horizonte que la vida nos ofrece. Cambiamos el chip.
Es verdad, parece ayer cuando tenía 24, pero es hoy que tengo 25. Con sus desventuras y bendiciones. Todo ello me ha forjado como soy y me ha dado el privilegio de vivir. Por ello, estos 25 los viviré como el mejor cuarto de siglo que he llevado conmigo, al menos hasta que sea el día en que tenga 26.